Más de 10 años después de la profunda recesión de 2008, mientras las políticas expansivas de los bancos centrales mantenían a flote a duras penas una escasamente competitiva UE, que intentaba hacer frente al resto de tiburones que merodean por el inmenso océano económico mundial, comienza a verse nerviosismo; comienza a hacerse patente que el sueño europeo no es tan sencillo de llevar a cabo; comienza, valga la comparativa marital tantas veces vista en situaciones económicamente comprometidas, una discusión detrás de otra, porque las cosas no van bien, porque ya no es tan fácil hacer y deshacer, porque no hay margen. Cuando todo iba bien era otra cosa. Las discrepancias menores quedaban relegadas al olvido, no importaba. Lo principal era seguir avanzando. Pero en el momento en que no se discierne fácilmente un rumbo determinado, y en un claro ambiente de dificultad económica, junto a que no todos piensan que hay...